RegistrAndonos: El cuerpo como mapa y la caminata como redescubrimiento.
¿Quiénes diseñan nuestras ciudades y para quiénes lo hacen? El urbanismo tradicional suele basarse en frías estadísticas de flujos vehiculares desde un escritorio. Pero una iniciativa nacida en San Miguel de Tucumán llegó para romper los esquemas y demostrar que las calles, las edificaciones dialogan con las emociones, los miedos y los recorridos cotidianos son datos precisos para transformar el espacio público.
Te presentamos el informe final de «RegistrAndonos», una experiencia innovadora de investigación-acción impulsada por la Biblioteca Popular Crisálida (hoy parte de la Fundación Bienvenides) en articulación con el el Laboratorio de Género y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU).
¿Qué hace a esta experiencia algo totalmente innovador?
- La metodología es el territorio: A través de caminatas colectivas, las y los participantes utilizaron tecnologías de todos los días (como el celular y WhatsApp) para registrar en tiempo real imágenes, audios y videos de las barreras urbanas y el acoso callejero.
- Democratización cartográfica: Ya no hace falta ser un técnico especializado para dibujar un mapa. El teléfono móvil se convirtió en una herramienta para crear cartografía social y comunitaria, disputando el sentido de las calles y recuperando la memoria travesti-trans y de las Marchas del Orgullo.
- El cuidado colectivo como investigación: Frente a la respuesta tradicional de «más policías», este proyecto demuestra metodológicamente que la verdadera seguridad urbana se construye tejiendo redes de contención, vitalidad comunitaria y ojos en las calles.
- Visibilizar la «movilidad del cuidado»: El informe expone cómo el diseño androcéntrico de la ciudad castiga los trayectos cotidianos de mujeres y disidencias (ir a la escuela, al centro de salud, hacer compras), proponiendo soluciones reales y urgentes.
De la teoría al asfalto: Propuestas concretas.
El informe no se queda en el diagnóstico. En sus páginas encontrarás una guía práctica con propuestas socioterritoriales clave: desde veredas a escala humana y paradas de colectivo a demanda por las noches, hasta auditorías de seguridad de género obligatorias para cualquier obra pública futura.
El urbanismo feminista no es una abstracción teórica; es una caja de herramientas para hacer ciudades vivas, amables y libres para todas las identidades.



